“Al mes de abril las ventas bajaron en un 85%. La mercancía no se mueve. Están cerrados los restaurantes, hoteles, centros vacacionales. Los importadores de otros países tampoco compran”. Humberto Becerra, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y Acuícola (Conainpesca), alerta sobre el impacto de la COVID-19 en la pesca. Asegura que la pandemia ha cerrado los mercados y que el gobierno no está atendiendo al sector.
“El 95% de las empresas pesqueras son micro, pequeñas y medianas. La situación es grave”, asegura.
“En el sector industrial y el ribereño el impacto es el mismo”, corrobora Jesús Camacho, presidente de la Confederación Mexicana de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas. “En el caso de las cooperativas que exportan directamente a Asia y Europa el impacto no es de hoy, de cuando el coronavirus, sino del mes de enero, cuando estaba impactado en China. Los que se dedicaban al comercio al interior, desde que México decretó las medidas de protección”, explicó.
“La actividad se ha visto muy disminuida, un 60% de las embarcaciones están en tierra. En Baja California Sur casi no hay actividad, esta parada. En algunas partes del país han estado trabajando a muy baja capacidad”, dice Camacho.
Actualmente, buena parte de la flota está en tierra ya que hay veda para algunos de los productos que más se pescan en México, como el camarón o el pulpo. Sin embargo, la parálisis es total, según explica Becerra. Y esto impactará duramente a municipios de Sinaloa, Baja California o Yucatán.
“Los pescadores no tienen a quién vender ni en mercados nacionales ni internacionales. Tampoco hay información suficiente ni transparencia. No queda claro quién está en la cadena de suministro ni cómo funciona”, explica Renata Terrazas, vicepresidenta de Oceana, una organización que el este 2 de junio organizó un conversatorio en Facebook para analizar el futuro de la pesca en México tras la emergencia sanitaria.
“Los datos son brutales. Aunque no tenemos cifras oficiales ni estimaciones de cuantos pescadores están dejando de salir a pescar” dice.
El impacto del coronavirus no se refleja únicamente en la pesca, sino también en los negocios vinculados. Según explica Becerra, aunque las embarcaciones estén en tierra ahora sería momento de mucho trabajo: “La gente reparaba sus barcos, daba empleo a soldadores, pintores, gente que no tenía trabajo en veda”.
Ahora, todo está parado.
Hay varias cuestiones que preocupan a los pescadores y todas ellas estaban sobre la mesa antes de la epidemia de COVID-19. La crisis económica que siga a la crisis sanitaria solo agravará la situación. Entre los problemas enumerados por Becerra y Camacho están la pesca furtiva, que no ha dejado de operar; la supresión de ayudas económicas como el apoyo al diesel y lo que consideran una falta de compromiso del gobierno para defender el producto mexicano frente a la llegada de pescados procedentes de países como Estados Unidos o Ecuador.
Animal Político quiso conocer la versión de Conapesca y sus programas de ayuda al sector pero al cierre de la nota no había recibido respuesta.
“La pesca ilegal no descansa. Las flotas en el Pacífico y el Golfo de México están paradas. Pero quien están trabajando son los ilegales. Eso nos impide sacar lo poco que se pueda salir”, dice Becerra, quien asegura que tienen identificadas “muchas plantas de proceso de Sinaloa y Sonora” en las que se hacen inventarios de pesca ilegal y se facturan posteriormente como si fuesen de temporada.
“El gobierno no está ejerciendo lo que les mandata la ley”, se queja, lamentando la falta de control sobre los ilegales.
Camacho, por su parte, denunció que Conapesca había dado orden de devolver algunas embarcaciones fue fueron incautadas a pescadores irregulares y que, además, quienes realizan la actividad de forma legal se estaban enfrentando al cobro de piso.
Uno de los reclamos de los pescadores fue la supresión de la ayuda para comprar diesel decretada por la secretaría de Hacienda.
“Al abrir los mercados, todo el mundo va a salir de manera feroz a competir. Y nosotros estamos en gran desventaja, ya que el precio del combustible en EUA y Ecuador es más barato”, dijo.
El principal programa de apoyo al sector lanzado desde Conapesca es Bienpesca, un plan de transferencias monetarias por la que cada pescador recibe 7 mil 200 pesos anuales.
“Hay quejas de los pescadores de quienes reciben no son pescadores. Hace falta un censo, saber quiénes son”, dijo Terrazas. “Queda la duda de para qué se usa. Si están en tierra, les queda para comprar comida y despensa. Si están pescando, lo que les queda es para suministros que no alcanzan a cubrirlo”, señala.
Sobre esta ayuda, Camacho reclama que se haga permanente al menos “mientras dura la pandemia” y que funcione como un subsidio. Además, asegura que el programa no ha sido universal y que hay pescadores que se han quedado fuera.
Los pescadores no son optimistas con el futuro y el COVID-19, que ha destruido más de 700 mil empleos desde el 14 de marzo hasta finales de abril.
“Tenemos un grave problema de saqueo de bienes pesqueros. No se están cuidando. Son elementos que hay que considerar, eso nos quita rentabilidad y competitividad. No vemos final halagüeño. La pandemia es duro golpe y gobierno federal nos está abandonando en mitad del mar sin salvavidas”, dice Becerra.
Por Animal Político