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Héctor Morán
Descarado por la banda

Jugar sin afición

Jugar con estadios vacíos es como jugar en el llano, por supuesto que los seguidores de los equipos influyen en darles ánimo, brindarles aliento para que jueguen con coraje, celebrar juntos los goles y las victorias, es de lo mejor que los deportistas puedan sentir, en ocasiones la vibra de la afición hace sentir a los jugadores profesionales, más que la paga misma.

Debería depender del factor externo para mantener su nivel de juego. Su motivación es intrínseca, es decir, viene de dentro, del deseo de lucha, de su nivel de competitividad y de no dejarse ganar por el rival.

Por otro lado, hay que aceptar que quienes hemos participado en cualquier competencia, hemos podido sentir el apoyo de una persona significativa que nos ha ayudado a sentirnos respaldados y más seguros. Pero no somos profesionales.

Disculpen la analogía, pero pensar que el jugador sin su porra no podrá jugar igual sería compararlo con quien depende de una interacción en redes sociales (reacciones -likes) para sentirse bien y para comprobar su valía. Son las personas que todo el tiempo requieren de la aprobación de los demás, es gente que sufre mucho y que carece de carácter y de amor propio.

Ahora, el factor de jugar de visitante sí es distinto, y claro que influye más que en un estadio vacío, porque así como sostengo que en los estadios vacíos los jugadores no tendrían por qué bajar su desempeño, un estadio lleno de contrincantes sí puede sacarte de foco, distraerte, hacerte enojar o hasta achicarte un poco, si es que te dejas impresionar por la multitud en contra.

Lo que sí puedo asegurarles, es que la experiencia y el gozo de la gente sin duda se extrañarán. Quienes hemos estado en un estadio lleno, haciendo la ola, gritando y apoyando a nuestro equipo evidentemente sabemos que es una experiencia inolvidable. Esa fuerza colectiva que apoya e impulsa el éxito de su equipo.

En muchas ocasiones nuestros estadios están vacíos, no recibimos el reconocimiento de los demás, nos falta aliento, pero ahí estamos cada 15 días, para en ocasiones ser 'recomoenzado' por la directiva mudando el equipo a otro lado, como lo que le pasó a la gente de Morelia, en donde las entradas eran el promedio en la liga y el discurso era hacer grande a la ciudad a través del deporte y aun así se fugaron los de Azteca con el tesoro más premiado para los aficionados, el equipo.

El único alivio que tenemos los aficionados es saber que sin nosotros, los equipos no son nada, haciéndolos rehén de nuestra pasión, aunque realmente ellos nos tienen a nosotros.

Este año se jugará un deporte sin alma, sin empuje en los estadios, sin pasión en los jugadores, se jugará por mero compromiso, se jugará sin la afición en los estadios.