En la antesala del Día del Niño, los pasillos de tiendas ya no giran en torno a muñecas o carritos, sino a pantallas, controles y mundos digitales. En México, las consolas de videojuegos se han convertido en el regalo más codiciado, marcando un cambio generacional en la forma de jugar y de entender el entretenimiento desde edades tempranas.
Detrás de esta transformación hay un dato contundente: los juguetes tradicionales han perdido terreno de forma acelerada, con caídas significativas en ventas, mientras los dispositivos tecnológicos ganan protagonismo. La infancia mexicana está cada vez más conectada; la mitad de los niños entre 6 y 11 años ya interactúa de forma habitual con internet, y una amplia mayoría utiliza teléfonos celulares, lo que evidencia una relación cotidiana con lo digital.
El fenómeno no es menor en términos económicos. El mercado de consolas ha crecido de forma sostenida en la última década, consolidando al país como un punto clave para gigantes como Sony, Microsoft y Nintendo. Hoy, millones de hogares cuentan con estos dispositivos, que ya no solo ofrecen juegos, sino acceso a plataformas completas de entretenimiento.
Más allá de la cifra de ventas, el cambio revela una nueva lógica cultural: regalar tecnología es también abrir la puerta a un ecosistema digital. En ese entorno, los videojuegos no son solo ocio, sino un espacio de interacción, aprendizaje y consumo. Así, el Día del Niño deja de ser una celebración anclada en lo tradicional para convertirse en un reflejo de una infancia que crece, literalmente, frente a una pantalla.