El pequeño mamífero habita en Chile y Argentina y es identificado como el principal reservorio natural del virus asociado a recientes brotes sanitarios.
Un pequeño roedor de hábitos nocturnos y apariencia inofensiva se ha convertido en el centro de atención sanitaria en Sudamérica. Se trata del colilargo, especie identificada como el principal transmisor de la variante Andes del hantavirus, una cepa considerada especialmente peligrosa por su capacidad de contagio entre personas.
El animal, conocido científicamente como Oligoryzomys longicaudatus, pesa apenas unos 30 gramos y se caracteriza por su larga cola, ojos grandes y gran habilidad para desplazarse mediante saltos. Habita principalmente en regiones boscosas y húmedas de Chile y el sur de Argentina, donde cumple funciones importantes dentro del ecosistema, como la dispersión de semillas y servir de alimento para otras especies.
Especialistas han detectado que un porcentaje de estos roedores porta el virus de manera natural, especialmente machos adultos. Durante fenómenos conocidos como “ratadas”, cuando la población se multiplica de forma masiva, el riesgo sanitario aumenta considerablemente y la presencia del virus puede extenderse entre más ejemplares.
El contagio a humanos ocurre principalmente por inhalar partículas contaminadas con saliva, heces u orina de animales infectados. Las autoridades sanitarias advierten que actividades como ingresar a bodegas cerradas, limpiar espacios rurales sin ventilación o acampar en zonas silvestres elevan el riesgo de exposición.
Aunque el virus no sobrevive mucho tiempo en espacios abiertos, especialistas señalan que la expansión humana hacia ecosistemas naturales y los cambios ambientales favorecen el contacto con este tipo de zoonosis, por lo que recomiendan extremar medidas preventivas en áreas rurales y turísticas.