La inauguración del Mundial 2026 coloca a México bajo los reflectores internacionales, pero no únicamente por el futbol. A la par de la fiesta deportiva, diversos movimientos sociales aprovecharán la atención global para visibilizar problemáticas como las desapariciones, demandas laborales, acceso a la vivienda y conflictos urbanos que persisten en distintas regiones del país.
La Ciudad de México, sede del partido inaugural entre México y Sudáfrica, amaneció con un amplio despliegue de seguridad y una intensa actividad en espacios públicos. Mientras miles de aficionados se preparan para disfrutar de la apertura de la Copa del Mundo, organizaciones civiles, colectivos y agrupaciones sociales mantienen convocatorias para manifestarse en distintos puntos de la capital.
Uno de los movimientos con mayor presencia es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que sostiene un conflicto con el Gobierno federal relacionado con demandas salariales, pensiones y condiciones laborales. Desde hace semanas, integrantes del magisterio mantienen un plantón en el Centro Histórico y han anunciado nuevas acciones de protesta durante la jornada mundialista.
A estas movilizaciones se suman colectivos de familiares de personas desaparecidas, quienes buscan aprovechar la visibilidad mediática del torneo para llamar la atención sobre una de las crisis humanitarias más sensibles del país. Las organizaciones han realizado actividades informativas y concentraciones en las inmediaciones de la sede mundialista para exigir avances en las investigaciones y mayores acciones de búsqueda.
Además, agrupaciones vecinales y organizaciones sociales han expresado inquietudes relacionadas con el impacto urbano de las obras vinculadas al Mundial. Entre los temas planteados destacan la movilidad, el uso del espacio público, los procesos de gentrificación y las transformaciones registradas en zonas cercanas a la infraestructura deportiva.
Frente a este escenario, las autoridades implementaron un operativo especial de vigilancia en los alrededores del Estadio Ciudad de México y otros puntos estratégicos de la capital. El objetivo es garantizar el desarrollo de las actividades mundialistas, preservar el orden público y permitir la convivencia entre la celebración deportiva y el ejercicio de la libre manifestación.
Así, el Mundial 2026 comienza en México con dos realidades convergiendo en las calles: la emoción de recibir el evento deportivo más importante del planeta y la determinación de distintos sectores sociales por aprovechar el escaparate internacional para hacer visibles sus demandas.