El grupo crecía conforme avanzaban la noche y los rezos. “Dale, Señor, el descanso eterno. Y brille para él la luz perpetua. Dios te salve María, llena eres de gracia…”, recitaban en tonos bajos aquellas voces tan desoladas.
Aún en medio de una tristeza profunda, algunos comentaron que no lo conocían, pero eso no les impedía demostrar su luto porque su pérdida significaba que el sistema, como a ellos, le había fallado de nuevo. Esta mañana, uno de los compañeros de más de 30 mil estudiantes, partió de este plano y de sus aulas, sin despedirse y sin que alguien lo pudiera acompañar en su dolor.
Eran las 7:00 de la tarde cuando comenzó el rosario, pero mientras tanto, la llama de las velas luchaba contra una brisa que soplaban los coches al bajar por la avenida Manuel Nava. Las manos que las sostenían resistían para pasarse el fuego entre ellas.
Frente a la entrada de la Facultad de Ingeniería ubicada en el campus de la Zona Universitaria poniente, estudiantes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) elevaron sus oraciones en nombre de otro alumno, que pocas horas antes perdió la vida dentro de sus instalaciones.
Al principio eran 25, pero después llegaron más y entre las filas, estaban asomados incluso algunos adultos. Nadie tomó protagonismos, todos sabían a qué iban y sin más, comenzaron a recitar el Padre Nuestro y el Ave María.
Tras las rejas que enmarcaban el edificio, el ambiente era solitario y contrastante al habitual, pues antes del mediodía, la rectoría académica ordenó suspender las actividades dentro de ocho facultades con el propósito de esperar el dictamen de la Fiscalía General del Estado (FGE). Las versiones extraoficiales apuntaron a que el incidente respondía a un presunto suicidio.
La calle no se detuvo y en general, la vida allá afuera tampoco, lo noté cuando tomé la ruta 23 con dirección al memorial que habían convocado los universitarios. Al pasar por la Avenida Carranza, el tráfico era el habitual y no pasó desapercibido que el Barrio Tradicional de Tequisquiapan estaba de fiesta. Pero aún con todo esto, un vacío me llenaba. ¡Qué ironía!
Después descubrí que las experiencias de este día coincidían en un solo punto, entre los matriculados, los egresados y también, los que documentamos aquella escena: muchos cargábamos con una pesadez honda, algunos en el pecho, otros en la espalda y unos más, en la cabeza. Lo que, a la mayoría, nos llevó a dormir un par de horas entre las 12:00 y las 5:00 de la tarde.
“¿Cuáles son las conficiones que conducen a una persona al suicidio?”, me pregunté. Durante la primera semana de septiembre, antes de lo sucedido en la UASLP, en la zona metropolitana de San Luis Potosí las autoridades de la Secretaría de Seguridad de la capital y la Guardia Civil de Soledad registraron cuatro intentos de suicidio en puentes peatonales localizados en diferentes vialidades, dos de ellos que involucraron también a jóvenes.
“Quizá mi estrés tiene que ver con el desempeño de mi trabajo, ¿cómo procurar que mi profesión de información no rebase la ética?”, pensé. Pero además de eso, creo que también me consternó la falta de responsables porque ante esta crisis, nadie ha podido señalar causas concretas y menos que eso, soluciones.
Durante toda la tarde, las redes sociales estuvieron inundadas de contenidos explícitos y mientras los edificios eran evacuados, la prensa vio incinerarse uno de sus últimos cartuchos de confianza, la comunidad terminó por manifestar su rechazo ante las cámaras.
Aquello me obligó a voltear el lente hacia otro sitio y me topé con piedra. Así es, una barda de piedra reforzada con estructuras metálicas de las que cuelga propaganda oficial: “¡Por la seguridad de todas y todos nos identificamos!”, una advertencia hacia el alumnado para que, al momento de ingresar al plantel, porte sus documentos oficiales. Sin embargo, en ninguno de aquellos vinilos mencionaban nada sobre la salud mental.
Mientras el homenaje religioso continuaba, recorrí la muralla en busca de algún tipo de información explícita sobre servicios de apoyo emocional, pero no aparecieron y entonces imaginé la universidad que podría ser si supiera responder.
Un lugar donde florezcan los sueños,
El fruto del esfuerzo de quien labra el conocimiento,
Las horas en vela,
Los ratos de convivencia,
Un sitio que me prepare para avanzar en la vida
Que me muestre una forma de volverla mejor.
Que no me venda y no me forje a base de tristezas,
Porque si los altares ocuparan el lugar de los que faltan,
No quedarían más velas, más noches
Sin rosarios ni paredes
Para cubrirlas con propaganda oficial.
Se renta, se vende,
Casas, cursos, copias y útiles
Pero ni una vez
Se ofrece un hombro para llorar
Una pausa para regular
Y un espacio para hablar.