La administración de Donald Trump comenzó la ampliación del muro fronterizo en Arizona, con un proyecto de aproximadamente 100 kilómetros que atraviesa zonas vinculadas con la Nación Indígena Tohono O’odham, cuyos representantes cuestionan la obra por sus posibles afectaciones a su territorio y patrimonio cultural.
El proyecto, denominado Tucson 5, contempla una barrera de doble capa construida con acero y concreto, de unos 9.1 metros de altura. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) sostiene que la infraestructura permitirá cerrar uno de los corredores utilizados para el tráfico de drogas y el cruce irregular de migrantes.
La Nación Tohono O’odham ha rechazado históricamente la construcción de barreras físicas dentro de sus territorios. Sus integrantes señalan que numerosos miembros de la comunidad viven a ambos lados de la frontera y requieren cruzarla para visitar familiares, participar en ceremonias religiosas y realizar peregrinaciones.
La tribu también advierte sobre posibles daños a sitios ceremoniales y cementerios ancestrales. Entre los puntos de preocupación se encuentra el manantial de Quitobaquito, considerado sagrado y ubicado fuera del territorio tribal, además de ser hábitat de especies amenazadas como la tortuga de Sonoyta.
La comunidad presentó una demanda para frenar el proyecto, pero una jueza federal rechazó sus argumentos en agosto. El fallo consideró que no se acreditó una violación a la soberanía tribal y tomó en cuenta una disposición de 1907 que reserva una franja de terreno federal junto a la frontera.
Mientras la Nación Tohono O’odham mantiene su disputa legal, contratistas y agentes de CBP ya realizan mediciones, estudios de suelo y trabajos preparatorios en la zona.
Los representantes tribales cuestionan la necesidad de la obra debido a que, según sus datos, las detenciones migratorias en el área disminuyeron 95 por ciento en los últimos dos años. Legisladores demócratas de Arizona también han solicitado suspender la construcción.