Por Redacción Contra Réplica

Agricultora italiana recupera humedales para proteger la biodiversidad frente al calor extremo

Alice Cerutti convirtió cerca de un tercio de su finca arrocera en bosques y zonas húmedas. Su modelo combina variedades tradicionales de arroz, fertilización natural y conservación ambiental ante las sequías y el aumento de las temperaturas.

En el norte de Italia, la agricultora Alice Cerutti transformó parte de su propiedad arrocera en un refugio para la biodiversidad, con el objetivo de fortalecer la resistencia de sus cultivos frente al cambio climático. En su finca Cascina Oschina, ubicada en la llanura de Vercelli, destinó cerca de un tercio de sus 110 hectáreas a recuperar ecosistemas naturales.

La productora, de 43 años, ha plantado más de 10 mil árboles autóctonos y convertido 25 hectáreas en humedales que albergan aves, insectos y especies poco comunes. Entre los avistamientos destaca la aguja colinegra, que, según Cerutti, encontró en el lugar un sitio de anidación excepcional en Italia.

Su estrategia también abarca la producción agrícola. En lugar de depender de fertilizantes químicos, utiliza abonos verdes, leguminosas y el pastoreo de unas mil 200 ovejas para enriquecer el suelo. Además, cultiva variedades tradicionales como carnaroli y arborio, junto con arroces rojos y negros, que considera más resistentes a la sequía y las temperaturas extremas, aunque ofrecen cosechas más modestas.

La apuesta llega en un momento complicado para el sector arrocero italiano, afectado por el incremento de los costos, la competencia de las importaciones asiáticas y las sequías. El sindicato agrícola Coldiretti estima que el calor podría provocar una pérdida de alrededor del 25% de la producción de arroz durante este año.

Mientras algunos productores recurren a la siembra en seco, especialistas advierten que la inundación de los arrozales también contribuye a la recarga de los acuíferos. Cerutti sostiene que inundar los campos desde etapas tempranas ayuda a enfrentar la falta de agua.

Para compensar los ingresos que deja de obtener al reducir la superficie cultivada, la agricultora recibe grupos escolares y universitarios y ofrece alojamiento turístico. Su experiencia plantea una alternativa para conciliar la producción de alimentos con la recuperación de ecosistemas, en un contexto global que busca proteger el 30% de las tierras y los océanos para 2030.