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Paola de la Rosa
Dato y Relato

La inteligencia artificial y el miedo a perder el empleo en San Luis Potosí

La expansión de la inteligencia artificial ha colocado sobre la mesa una pregunta que hasta hace poco parecía lejana: ¿cuántos empleos podrían desaparecer en los próximos años? En San Luis Potosí, una entidad con fuerte presencia industrial, manufacturera, automotriz y de servicios, la inquietud comienza a sentirse con mayor intensidad entre trabajadores, estudiantes y profesionistas.

El temor no es infundado. Cada vez más empresas incorporan sistemas capaces de automatizar procesos administrativos, analizar datos, realizar tareas repetitivas, detectar fallas, responder solicitudes e incluso participar en actividades que antes requerían exclusivamente intervención humana. Sin embargo, reducir el debate a la idea de que “las máquinas quitarán empleos” sería una lectura incompleta.

La historia económica demuestra que los avances tecnológicos transforman el mercado laboral antes de eliminarlo por completo. Algunos puestos desaparecen, otros cambian y también surgen nuevas ocupaciones. El verdadero reto consiste en determinar quiénes tendrán las herramientas para adaptarse y quiénes quedarán rezagados.

Para San Luis Potosí, la discusión resulta especialmente relevante. Las empresas instaladas en la Zona Industrial y otros polos productivos requieren cada vez más personal con conocimientos en programación, automatización, análisis de datos, mantenimiento especializado, robótica, ciberseguridad y manejo de plataformas digitales. Al mismo tiempo, numerosas tareas rutinarias pueden ser realizadas con mayor rapidez mediante sistemas automatizados.

Esto obliga a replantear la educación y la capacitación laboral. No basta con incorporar computadoras a las aulas o impartir cursos aislados sobre inteligencia artificial. Es necesario formar personas capaces de resolver problemas, aprender continuamente, trabajar en equipo, interpretar información y utilizar la tecnología como una herramienta, no como una amenaza.

También las empresas tienen una responsabilidad. La modernización no debería convertirse únicamente en una estrategia para reducir nóminas. Si la productividad aumenta gracias a la tecnología, parte de ese beneficio debería traducirse en capacitación, mejores condiciones de trabajo y oportunidades para que el personal pueda asumir nuevas funciones.

El miedo crece cuando existe incertidumbre. Un trabajador que desconoce cómo cambiará su puesto observa la inteligencia artificial como un posible sustituto. Quien recibe capacitación puede verla como una herramienta capaz de aumentar sus capacidades.

San Luis Potosí tiene frente a sí una oportunidad importante. Su estructura industrial permite anticipar muchos de los cambios que transformarán el empleo durante la próxima década. Pero para aprovecharlos será indispensable coordinar universidades, empresas y autoridades.

La inteligencia artificial probablemente no reemplazará de manera inmediata a todos los trabajadores. El mayor riesgo será otro: que quienes sepan utilizarla terminen desplazando laboralmente a quienes nunca tuvieron la oportunidad de aprender a hacerlo.