Por Redacción Contra Réplica

Deshielo del permafrost reaviva el debate científico sobre virus antiguos en Siberia

El calentamiento global podría liberar microorganismos conservados durante miles de años en el hielo. Sin embargo, no hay evidencia presentada en la información disponible de que estos virus hayan provocado un brote en humanos.

El derretimiento del permafrost en Siberia mantiene bajo observación a la comunidad científica por la posibilidad de que libere virus y otros microorganismos antiguos que permanecen congelados desde hace miles de años. Aunque algunos de estos agentes han demostrado capacidad para infectar organismos en condiciones de laboratorio, su potencial para causar una epidemia humana continúa siendo incierto.

La preocupación cobró relevancia tras difundirse información sobre la muerte de la investigadora rusa Daria Shipilova, quien presuntamente estuvo expuesta a bacterias durante su trabajo en un laboratorio del Instituto de Lucha contra la Peste, en Irkutsk. Los reportes citados atribuyeron su fallecimiento a una neumonía de origen desconocido, sin confirmar que estuviera relacionado con los llamados “virus zombi”.

Asimismo, la información disponible señala que la Organización Mundial de la Salud no había encontrado indicios de un brote de peste neumónica vinculado con el caso. Por ello, no existe fundamento suficiente para relacionar directamente la muerte de la científica con el deshielo del permafrost.

El investigador francés Jean-Michel Claverie, de la Universidad de Aix-Marsella, ha estudiado los riesgos asociados con la liberación de virus antiguos. Su equipo identificó virus capaces de infectar amebas en muestras de permafrost siberiano, incluidos ejemplares con decenas de miles de años de antigüedad.

Entre los hallazgos destaca el Pandoravirus yedoma, recuperado de depósitos congelados de aproximadamente 48 mil 500 años. Estos resultados demuestran que ciertos virus pueden conservar su capacidad infecciosa durante periodos prolongados, aunque no prueban que puedan infectar a seres humanos.

El aumento de las temperaturas globales acelera el deshielo en regiones árticas y plantea desafíos ambientales y sanitarios. Los especialistas subrayan la importancia de mantener vigilancia científica, sin confundir los riesgos potenciales con la existencia confirmada de una nueva amenaza pandémica.