Hacer ejercicio para ponernos en forma y lograr ese “cuerpazo” de Amazona es uno de los principales propósitos a principios de año, la verdad, es que todas queremos perder esos “kilitos” de más y, no me dejarás mentir, pero casi siempre nos duele el cuerpo después de hacer ejercicio y esto podría hacer que pierdas el interés por cumplir tu meta.
Cuando no estamos acostumbradas a ejercitarnos, es normal que aparezca ese incómodo dolor muscular, ese mismo que no nos permite bajar “bien” las escaleras y que nos hace sentir como si nos hubieran atropellado, ¡literalmente nos duele todo!
Por lo general, esa rigidez en el cuerpo aparece dentro de las primeras 12 o 24 horas después de realizar nuestra rutina de ejercicio y se debe a la acumulación de ácido láctico en el cuerpo, por el desgarre en las fibras musculares que se reparan y se fortalecen o por las toxinas que se acumulan en el organismo.
Cuando de pronto nos ejercitamos, el ácido láctico se concentra en los músculos y el dolor se intensifica, por eso, al día siguiente sentimos que no podemos ni caminar y nuestros movimientos están “robotizados”, lo cual, delata que llevamos una vida muy sedentaria.