La guerra en la Franja de Gaza ha desencadenado una crisis medioambiental de proporciones alarmantes, alertó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en un comunicado emitido este martes. Según el informe preliminar presentado por la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, los daños en el suelo, el agua y el aire han alcanzado niveles “sin precedentes”, con consecuencias devastadoras para los ecosistemas naturales y la salud pública.
El informe del PNUMA destacó que la guerra ha revertido avances significativos en infraestructuras clave como plantas desalinizadoras, instalaciones de tratamiento de aguas residuales y sistemas de energía solar, ahora destruidos o fuera de operación. La situación se agrava con la acumulación de aproximadamente 39 millones de toneladas de escombros, que contienen artefactos explosivos sin detonar, residuos industriales y médicos, así como restos humanos, representando un riesgo evidente para la salud humana y el medio ambiente.
Inger Andersen expresó que la población de Gaza no solo enfrenta el sufrimiento directo de la guerra, sino también una crisis ambiental que podría prolongar y dificultar su proceso de recuperación. La contaminación del suelo y el agua con metales pesados y sustancias químicas derivadas de las municiones, junto con la liberación de sustancias tóxicas de paneles solares destruidos, ha contribuido a una contaminación ambiental generalizada. Además, la infraestructura para el manejo de residuos sólidos ha sufrido graves daños, llevando a una acumulación diaria de 1,200 toneladas de basura cerca de los campamentos y refugios donde reside la población gazatí.