Los crímenes cometidos durante el Tercer Reich dejaron una huella indeleble en Europa y el resto del mundo. Los museos de sitio en los campos de concentración, las placas, estatuas y monumentos esparcidos por todo el continente son un duro recordatorio de una política de exterminio que jamás debe repetirse.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, los Juicios de Nuremberg se convirtieron en un procedimiento novedoso para juzgar los crímenes de guerra cometidos por la Alemania nazi. Al mismo tiempo, su mediatización ayudó a construir un proceso de memoria que fincó la conciencia histórica sobre el nazismo, la lucha contra el negacionismo y la apología al régimen que dejó aproximadamente 6 millones de víctimas mortales en su paso por Europa.
75 años después de la caída del nacionalsocialismo, el tribunal de Hamburgo condenó a dos años de prisión en libertad vigilada a Bruno Dey, un exguardia nazi de 93 años por su participación en el asesinato de 5 mil 232 prisionerios en el campo de concentración de Stutthof, Polonia.