Un operativo de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos provocó indignación entre activistas y organizaciones civiles, tras el uso de un camión de alquiler como señuelo para detener a trabajadores migrantes frente a una tienda Home Depot en el barrio angelino de Westlake. La acción culminó con la aprehensión de 16 personas que se encontraban en busca de empleo durante las primeras horas de la mañana.
Según testimonios, el vehículo —simulando una mudanza comercial— llegó poco antes de las 7:00 a.m., conducido por un hombre que hablaba español y se dirigió directamente a los jornaleros. Minutos después, agentes armados y encapuchados descendieron de la parte trasera del camión y comenzaron a perseguir a quienes no pudieron comprobar su situación migratoria, en una maniobra que algunos compararon con una emboscada.
La operación ha sido duramente cuestionada debido a que se realizó pese a una orden del Noveno Circuito que restringe las detenciones basadas en rasgos físicos, idioma o localización, lo que podría significar una violación directa a resoluciones judiciales vigentes. Por su parte, la empresa Penske, dueña del camión empleado, se deslindó del operativo y aseguró no haber autorizado el uso de su unidad para acciones de este tipo.
Tanto el comandante Gregory Bovino como el fiscal federal interino Bill Essayli defendieron públicamente la legalidad del procedimiento, argumentando que la ley migratoria federal debe cumplirse sin excepciones. Sin embargo, diversas organizaciones alertaron sobre el peligro de normalizar tácticas intimidatorias, que podrían reinstalar prácticas de discriminación y criminalización en comunidades trabajadoras ya de por sí vulnerables.