Sony confirmó que la PlayStation 5 subirá de precio en Estados Unidos, pasando a costar 550 dólares en su versión estándar, 500 en la edición digital y 750 en el modelo Pro. La empresa japonesa argumentó que la decisión responde a un “entorno económico complejo”, derivado principalmente de los aranceles que la administración de Donald Trump impuso a bienes importados, encareciendo significativamente los costos.
Isabelle Tomatis, vicepresidenta de mercadeo global de Sony Interactive Entertainment, explicó que la compañía enfrenta la disyuntiva de absorber el golpe financiero o trasladarlo al consumidor. “Similar a lo que pasa con muchos negocios globales, continuamos navegando en un entorno económico complejo”, señaló. Según cálculos de la empresa, los aranceles podrían costarle hasta 680 millones de dólares en el año fiscal, lo que precipitó la medida.
La presión no solo alcanza a la industria de los videojuegos. Corporaciones estadounidenses como Estee Lauder, PepsiCo y Monster Beverages han advertido que también deberán ajustar precios para mitigar los efectos de las tarifas, que van desde cosméticos hasta el aluminio utilizado en las latas de bebidas. Las estimaciones superan los cientos de millones de dólares en pérdidas adicionales para estas compañías.
Con este incremento, Sony sigue la tendencia de múltiples firmas que han comenzado a repercutir los costos arancelarios directamente al consumidor. Mientras los jugadores estadounidenses deberán desembolsar más por la PS5, el debate sobre los efectos de la política comercial se intensifica, poniendo en entredicho hasta qué punto los consumidores serán quienes terminen pagando la factura de las tensiones económicas globales.