titulo_columna
Gustavo Candia
Opinión

Las aventuras de Rubio en México...

¡Ay, México! Siempre tan predecible en sus dramas políticos, como telenovela de bajo presupuesto, pero con alto rating en escándalos. Esta semana, la visita del flamante secretario de Estado gringo, Marco Rubio, llegó como un balde de agua fría a las costas de la Secretaría de Marina. No fue un paseo turístico por el Zócalo ni una charla de cortesía con la presidenta Sheinbaum sobre el cambio climático. NO, SEÑOR: RUBIO FUE DIRECTO AL GRANO, O MEJOR DICHO, AL HUACHICOL, ESE CÁNCER QUE CHUPA EL PETRÓLEO MEXICANO COMO VAMPIRO Y de repente, sin más, ¡zas! La Marina anuncia una "limpia interna" con detenciones de alto calibre, incluyendo a un vicealmirante que resulta ser sobrino del exsecretario de Marina en tiempos de AMLO. ¿Coincidencia? Ja, por favor, si hasta el más despistado sabe que en política mexicana, las casualidades son tan raras como un político honesto.

Permítanme desmenuzar esto con el bisturí de la realidad, porque no nos engañemos: la visita de Rubio no fue un mero saludo protocolario. Fue un jaque mate diplomático a la Marina, esa institución que pasó de patrullar costas a custodiar puertos y ductos petroleros, pero que, al parecer, también custodiaba sus propios intereses turbios. Rubio, con su agenda de seguridad fronteriza y control de energéticos –porque, recordemos, el huachicol no solo roba millones a PEMEX, sino que alimenta a los cárteles que mandan fentanilo y migrantes al otro lado del Río Bravo–, puso el dedo en la llaga. ¿Por qué el huachicol es el tema de fondo? Porque no es solo un delito menor de "ladronzuelos con mangueras". Es el corazón podrido del sistema: genera pérdidas millonarias al erario (¡más de 60 mil millones de pesos al año, según estimaciones oficiales!), fortalece a los narcos que controlan regiones enteras como si fueran feudos medievales, y erosiona la soberanía energética mexicana. Imagínense: mientras EE.UU. presiona por "colaboración" en seguridad, México responde con operativos que parecen sacados de un manual de relaciones públicas. Decomisos de 10 millones de litros, detenciones de marinos coludidos... Todo justo después de que Rubio aterrice en el AICM. ¿Presión yanqui? Claro que sí. Emilio Álvarez Icaza lo dijo clarito: hay correlación directa. Y no es paranoia; es geopolítica básica.

Pero vayamos al meollo irónico de esta farsa nacional. Mientras la Marina hace su "autopurga", que ojalá no sea solo un maquillaje para la foto, uno se pregunta: ¿cuándo le tocará el turno al Ejército? Porque, no nos hagamos, andamos en plena "tarea" de acabar con la corrupción y la delincuencia, ¿verdad? La 4T nos vendió el sueño de la transformación, con militares en todo: desde construir trenes hasta repartir medicinas. Pero los reportes de colusión con el narco en el Ejército son como elefantes en la sala: casos de generales capturados con maletines de dólares, bases militares que sirven de tapadera para laboratorios de metanfetaminas, y hasta rumores de que el Cártel de Sinaloa tiene más amigos en el alto mando que en las cantinas. ¿Caerán los miembros más coludidos? ¡Ay, qué risa! Probablemente cuando los cerdos vuelen. Porque si con el huachicol, que es "solo" robo de gasolina, ya tardamos años en movernos, imaginen con el narco, que es el elefante mayor. ¿O es que la "limpia" solo aplica cuando el Tío Sam llama a la puerta? No sea ingenuo, lector: en México, la corrupción es como el mole, se cuece a fuego lento y nadie quiere destapar la olla por miedo a que salpique.

En fin, la visita de Rubio nos dejó una lección: nada como un poco de presión externa para que el gobierno mexicano recuerde que tiene que hacer la tarea. Pero si no limpiamos de fondo, empezando por el Ejército, que ya debería estar en el ojo del huracán, seguiremos esperando a que Washington revise y nos ordene que hacer. ¿Transformación real o solo show? Ustedes decidan. Yo, por lo pronto, me quedo con las palomitas