Por Redacción Contra Réplica

México 40 años después del 85 tecnología y ciencia reducen riesgos ante posibles sismos en septiembre

La UNAM subraya que los avances en monitoreo, ingeniería y protección civil permiten mayor seguridad, aunque expertos advierten que la coincidencia de nuevos temblores en el mismo día es estadísticamente mínima.

A 40 años del terremoto de 1985 que transformó la vida en la Ciudad de México, la ciencia y la tecnología han colocado al país en una posición más sólida frente a futuros sismos. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha liderado investigaciones en ingeniería estructural, sistemas de prevención y redes sismológicas, que hoy permiten reaccionar de forma más rápida y eficaz ante cualquier emergencia.

En la actualidad, México cuenta con una de las redes de monitoreo sísmico más avanzadas de América Latina, administrada por el Servicio Sismológico Nacional. Este sistema, apoyado en instrumentación moderna y procesos automatizados, ofrece información en tiempo real sobre magnitud, epicentro y profundidad de los movimientos telúricos. A ello se suman reglamentos de construcción más estrictos y técnicas de reforzamiento estructural que han reducido de manera significativa la vulnerabilidad en zonas urbanas.

Respecto a la percepción de que septiembre es un mes “sísmico”, los expertos de la UNAM enfatizan que no existe evidencia científica que respalde esa idea. Miguel Ángel Jaimes, investigador del Instituto de Ingeniería, explica que la probabilidad de que un gran sismo se repita en la misma fecha, como ocurrió el 19 de septiembre en 1985, 2017 y 2022, es extremadamente baja: del orden de 0.026%. Incluso, cálculos matemáticos reducen esa posibilidad hasta 0.000002% cuando se consideran tres coincidencias en distintos años.

Esto significa que la posibilidad de que vuelva a temblar un 19 de septiembre es menor que fenómenos tan improbables como ser atacado por un tiburón o que un asteroide de dos kilómetros impacte la Tierra. Sin embargo, la UNAM recuerda que México es un país altamente sísmico por su ubicación entre cinco placas tectónicas y que cada año se registran en promedio más de 15 mil temblores, aunque la mayoría son de baja magnitud.

Los especialistas destacan que el reto no es adivinar cuándo ocurrirá el próximo gran sismo, sino mantener una cultura de prevención. Hoy, gracias a la investigación científica, la capacitación ciudadana y la memoria colectiva de desastres pasados, México cuenta con más herramientas para enfrentar un fenómeno que, aunque inevitable, ya no toma al país con la misma vulnerabilidad de hace cuatro décadas.