Por Cindy Palencia

Reino Unido, Canadá y Australia reconocen al Estado de Palestina y tensan el tablero diplomático

La decisión histórica de estos tres países abre un nuevo capítulo en el conflicto israelí-palestino y desafía décadas de política exterior tradicional de Occidente.

En medio de un recrudecimiento del conflicto en Gaza, el Reino Unido y Canadá se convirtieron el domingo en los primeros países del G7 en reconocer formalmente al Estado de Palestina, seguidos por Australia. La medida coincide con la preparación de una cumbre internacional al margen de la Asamblea General de la ONU, copresidida por Francia y Arabia Saudita, donde se espera que otros diez países anuncien un reconocimiento similar.

El primer ministro británico, Keir Starmer, justificó el paso como un intento de “revivir la esperanza de paz entre palestinos e israelíes y consolidar una solución de dos Estados”. Por su parte, el canadiense Mark Carney y el australiano Anthony Albanese subrayaron la intención de colaborar en la construcción de un futuro pacífico para ambos Estados. Para la Autoridad Palestina, representada por Mahmud Abás, se trata de un “paso importante y necesario” para alcanzar una paz justa y duradera.

La reacción de Israel no se hizo esperar. El primer ministro Benjamin Netanyahu calificó la decisión de “premio al terrorismo” y prometió combatirla en todos los foros internacionales. Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, llamó a “medidas inmediatas”, incluyendo la extensión de la soberanía israelí en Cisjordania y el desmantelamiento de la Autoridad Palestina. Mientras tanto, la expansión de asentamientos en territorios palestinos y la violencia en Gaza mantienen al conflicto al borde de la escalada, en un contexto donde la guerra iniciada en octubre de 2023 ya ha dejado más de 65.200 palestinos y 1.219 israelíes muertos, según registros oficiales.

Este giro diplomático pone de relieve la fractura en la política internacional sobre Oriente Medio: mientras Occidente empieza a reconocer al Estado palestino, aliados históricos de Israel, como Estados Unidos, critican la iniciativa, y la ONU observa cómo se redefine la vieja promesa de una solución de dos Estados en una región marcada por décadas de tensión y pérdidas humanas.