Después de dos décadas al frente de Oracle Red Bull Racing, Christian Horner deja oficialmente la escudería con la que conquistó seis títulos mundiales de constructores y ocho de pilotos, incluyendo los cuatro campeonatos de Max Verstappen y los cuatro de Sebastian Vettel. El anuncio se formalizó este lunes, tras meses de especulaciones y conflictos internos que marcaron la recta final de su gestión.
El británico de 51 años fue liberado de sus funciones operativas desde julio pasado, y la escudería nombró a Laurent Mekies como su sucesor. La decisión llega luego de un descenso en el rendimiento del equipo, superado por McLaren en la clasificación de constructores en la temporada anterior, así como de tensiones internas relacionadas con acusaciones contra Horner y roces con Verstappen y su padre. Además, la partida de Adrian Newey, ingeniero histórico de Red Bull, hacia Aston Martin, complicó aún más la dinámica interna del equipo.
Como parte del acuerdo de salida, Horner recibirá una compensación estimada en 80 millones de libras (107 millones de dólares), consolidando su retiro como uno de los movimientos financieros más relevantes en la Fórmula 1 reciente. Ahora es libre de firmar con cualquier otro equipo, lo que abre la puerta a nuevos desafíos tras una carrera marcada por la consolidación de Red Bull como potencia global en la categoría.
El adiós de Horner no solo cierra un capítulo en la historia de Red Bull, sino que también simboliza un cambio generacional dentro de la F1, donde los equipos buscan adaptarse a nuevas dinámicas competitivas y a la presión constante de mantener la supremacía en un deporte cada vez más técnico y mediático.