La mañana de este jueves 25 de septiembre estuvo marcada por la actividad sísmica en distintas regiones de México. En Linares, Nuevo León, un sismo de magnitud 3.7 se registró a las 6:04 h, con una profundidad superficial de 10 km, apenas perceptible para la población, según informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN).
En contraste, Cihuatlán, Jalisco, vivió una serie de movimientos más intensos en cuestión de minutos: a las 4:16 h un sismo de 5.7, seguido por magnitudes de 5.1, 4.4, 3.8 y 4.1 entre las 4:21 y las 5:11 h. La rápida sucesión de estos eventos generó alarma entre los habitantes, aunque hasta el momento no se reportan daños mayores ni víctimas.
México es uno de los países más sísmicos del mundo, ubicado sobre la interacción de cinco placas tectónicas: Cocos, Pacífico, Norteamérica, Rivera y Caribe. Si bien se percibe que septiembre concentra los sismos más recordados, especialistas del Instituto de Geofísica de la UNAM aclaran que la sensación se debe más a la memoria colectiva que a un incremento real en la actividad. Ejemplos históricos como los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017 permanecen grabados en la población por su magnitud y destrucción.
El Dr. Raúl Valenzuela Wong explica que otros temblores, como el del 28 de julio de 1957 que derribó el Ángel de la Independencia, o el del 14 de marzo de 1979 que afectó la Universidad Iberoamericana, también resaltan en la memoria colectiva. Estos eventos subrayan la necesidad de reforzar la preparación y la cultura de protección civil ante los movimientos telúricos, que son una constante en la geografía mexicana.