Roberto Palazuelos sorprendió al revelar un pasaje poco conocido de su vida, cuando tuvo que trabajar como lavaplatos en Londres durante su juventud. El empresario, conocido como el “Diamante Negro”, aseguró que pese a las dificultades siempre mantuvo intacto su sueño de convertirse en artista, incluso mientras cumplía jornadas en sótanos de restaurantes acompañado únicamente por un Rolex en la muñeca.
En una conversación reciente, Palazuelos explicó que decidió dejar atrás los estudios de Derecho que su padre había planeado para él y viajó a Inglaterra, alentado por su amigo Jorge “El Burro” Van Rankin. Ambos compartieron un pequeño departamento en condiciones humildes, durmiendo en el suelo con sleeping bags y lidiando con los gastos de una vida que apenas podían costear.
El ahora empresario de hoteles recordó que su primera oportunidad laboral no fue como mesero, como había pensado, sino como ayudante de cocina para evitar problemas migratorios. Más tarde, terminó lavando platos en un sótano donde coincidía con trabajadores árabes y turcos. Entre risas, relató que el único lujo que lo acompañaba en esas jornadas era el reloj que le había regalado su padre, el cual incluso un compañero dudó de su autenticidad al intentar morderlo para comprobar si era verdadero.
A pesar de las limitaciones económicas, Palazuelos logró ascender a asistente de barman en un bar londinense, donde permaneció cerca de un año. Esa etapa, marcada por la austeridad y el esfuerzo, se convirtió en una experiencia determinante para forjar su carácter y su visión de la vida.
Hoy, décadas después, el Diamante Negro es referente de lujo, negocios turísticos y vida mediática en México. Sin embargo, su paso por Londres recuerda que detrás de su imagen de opulencia existe una historia de sacrificio y perseverancia que pocos conocían.