La Selección Mexicana Sub-20 reapareció en el escenario mundialista con un resultado que genera confianza: un 2-2 frente a Brasil, cinco veces campeón de la categoría. El empate refleja la resistencia y la capacidad táctica del equipo dirigido por Eduardo Arce, que impidió que el combinado sudamericano se llevara la victoria en el Estadio Nacional de Santiago.
El partido no solo tuvo sabor deportivo, sino también histórico: el estadio, que funcionó como centro de detención durante el golpe cívico-militar del 11 de septiembre de 1973, recordó a la memoria colectiva con mensajes como “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”. Este contexto agregó un matiz solemne al encuentro, que abrió la puerta a la reflexión sobre la historia chilena mientras se vivía la pasión del fútbol.
En lo estrictamente futbolístico, México se adelantó temprano con un gol de Alexei Domínguez tras una brillante asistencia de Gilberto Mora. Brasil respondió con dos anotaciones, de Rafael Coutinho y Luighi, que parecían inclinar el resultado a su favor. Sin embargo, la estrategia mexicana en jugadas de balón parado permitió el empate: Diego Ochoa conectó de cabeza un tiro de esquina de Mora para sellar el 2-2 definitivo.
Con este primer punto, el Tri Sub-20 inicia su participación mundialista con la moral elevada y un mensaje claro: pese a la larga ausencia, regresa con fuerza y capacidad para competir frente a los favoritos, combinando talento, táctica y espíritu de lucha en cada jugada.