La tranquilidad de la comunidad de Grand Blanc, en Michigan, se vio interrumpida cuando un tiroteo en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días terminó con el atacante abatido y el edificio envuelto en llamas. Las autoridades locales aseguraron que no hay riesgo adicional para la población, aunque hasta ahora no se han dado detalles sobre el estado de los presentes.
El jefe policial del condado Genesee, Chris Swanson, informó que la zona fue evacuada y que se desplegó personal de agencias locales y federales para controlar la situación. “Toda la iglesia está en llamas. Esta es una situación que sigue evolucionando”, señaló, advirtiendo que la investigación aún está en curso y que se darán más detalles conforme avance el trabajo en el lugar.
La iglesia afectada se ubica en un área residencial cercana a otra comunidad religiosa, la de los Testigos de Jehová, lo que aumenta la preocupación de los vecinos de este poblado de alrededor de 8,000 habitantes. La gobernadora Gretchen Whitmer expresó su condena a la violencia y su solidaridad con los habitantes de Grand Blanc, subrayando que un ataque en un lugar de culto es inaceptable.
El incidente ocurre un día después del fallecimiento de Russell M. Nelson, líder histórico de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, quien murió a los 101 años. Según el protocolo de la comunidad religiosa, Dallin H. Oaks se perfila como su sucesor, en un contexto que mezcla duelo y crisis de seguridad para la congregación local.