El arte novohispano no fue una copia servil de Europa, sino un lenguaje visual que se transformó y adaptó a los contextos locales. Así lo planteó Rodrigo Vázquez González, investigador de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UASLP, durante su participación en el IX Coloquio Internacional Imagen y Culturas, realizado en el Archivo Histórico del Estado, donde abordó la presencia de ángeles músicos en la pintura y arquitectura del siglo XVIII en México.
El académico explicó que estas representaciones, frecuentes en cúpulas e iglesias virreinales, respondían a una estrategia de evangelización. A diferencia de Europa, donde los ángeles podían portar tambores o trompetas, en la Nueva España se privilegiaron instrumentos armónicos como violines, guitarras o mandolinas, pensados para atraer y conmover a los pueblos indígenas en los primeros tiempos de la catequesis.
Vázquez señaló que este fenómeno ilustra cómo el cristianismo en América no se limitó a replicar imágenes importadas, sino que las resignificó en su propio entorno social y cultural. Mencionó ejemplos como la cúpula del templo de San Cristóbal en Puebla, donde la Virgen aparece rodeada de ángeles músicos, o el coro de la iglesia del Carmen en la capital potosina, que conserva figuras aladas con instrumentos.
La música, recordó, tuvo un papel central en el virreinato: sirvió como herramienta pedagógica y de evangelización, al tiempo que formó a músicos indígenas y criollos que se integraron a la vida religiosa como maestros de capilla. Estas prácticas, aún visibles en las obras de arte sacro, muestran cómo la tradición europea fue reelaborada en América para crear un patrimonio que hoy es testimonio de identidad y mestizaje cultural.