Por Redacción Contra Réplica

Estudio internacional revela que la forma del cerebro podría anticipar el Alzheimer antes de los síntomas

Investigadores de Estados Unidos y España descubren que la geometría cerebral cambia con la edad y podría servir como marcador temprano del deterioro cognitivo

Un equipo internacional de científicos identificó que las alteraciones en la forma del cerebro, más allá de su tamaño, podrían ser un nuevo indicador para detectar de manera anticipada el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Los hallazgos, publicados en la revista Nature Communications, representan un avance significativo en la comprensión del envejecimiento cerebral.

La investigación fue desarrollada por el Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria de la Universidad de California en Irvine y la Universidad de La Laguna (España). Los especialistas demostraron que el envejecimiento modifica la geometría del cerebro de forma sistemática: las zonas inferiores tienden a expandirse, mientras que las superiores se contraen. Este patrón estaría directamente vinculado con la pérdida progresiva de memoria y de las capacidades cognitivas.

De acuerdo con el estudio, estos cambios estructurales explicarían por qué ciertas áreas, como la corteza entorrinal —una de las primeras afectadas por el Alzheimer—, son especialmente vulnerables al daño neuronal. Los investigadores sugieren que la presión física derivada del envejecimiento podría desempeñar un papel clave en la degeneración de estas regiones.

El profesor Niels Janssen, del Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional de la Universidad de La Laguna y uno de los autores principales, afirmó que los resultados “permiten identificar el riesgo de demencia con varios años de antelación, mediante nuevos marcadores geométricos cerebrales que podrían complementar los actuales métodos de diagnóstico”.

El trabajo también destaca la importancia de comprender los procesos mecánicos que acompañan al envejecimiento cerebral. Los expertos aseguran que este conocimiento abre nuevas vías para desarrollar estrategias de prevención y tratamientos más específicos frente al Alzheimer, una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo y cuya detección temprana continúa siendo uno de los principales desafíos de la neurociencia moderna.