Un inusual silencio recorrió los pasillos del Pentágono cuando decenas de periodistas acreditados entregaron sus pases y abandonaron el edificio, en una protesta sin precedentes contra las nuevas reglas impuestas por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. La disposición, impulsada por el secretario Pete Hegseth, exige que toda información obtenida —incluso aquella no clasificada— sea aprobada previamente por un funcionario autorizado antes de su publicación.
El cambio, que entró en vigor al vencer el plazo de aceptación a las 16:00 horas, fue rechazado por los principales medios estadounidenses, entre ellos The New York Times, CNN, Fox News, ABC y Reuters, quienes argumentaron que la medida representa un ataque directo a la libertad de prensa y un intento por controlar el flujo informativo. Solo One America News Network accedió a firmar el nuevo acuerdo.
Desde la sede militar, las autoridades defendieron la política como una medida de “sentido común” destinada a salvaguardar información sensible y proteger la seguridad nacional. Sin embargo, expertos en comunicación y derechos civiles advirtieron que la norma rompe con décadas de apertura informativa y contradice los principios de la Primera Enmienda, que garantiza el libre ejercicio del periodismo.
La escena de reporteros saliendo con cajas y material de trabajo simbolizó más que una protesta laboral: fue una declaración colectiva en defensa del derecho a informar sin censura. En un país que se ha presentado como modelo de libertad de expresión, la tensión entre seguridad y transparencia vuelve a ponerse en el centro del debate.