Donald Trump quiere que el próximo aniversario de la independencia estadounidense tenga un símbolo que perdure más allá de su mandato: un Arco del Triunfo erigido a la entrada de Washington D.C. La idea, presentada por el propio mandatario durante una cena de gala en la Casa Blanca, busca conmemorar los 250 años de la fundación del país el 4 de julio de 2026.
El monumento, según reveló el presidente, se levantaría cerca del Monumento a Lincoln, al final del puente de Arlington, en la vía que conecta Virginia con la capital. “Va a ser realmente hermoso”, aseguró Trump ante un grupo de donantes, mostrando tres maquetas de distintos tamaños y declarando su preferencia por la versión más grande, coronada por una escultura de la diosa romana de la Libertad.
La iniciativa se suma a una serie de transformaciones impulsadas por el presidente desde su retorno al poder en enero. Entre ellas, la remodelación del Jardín de Rosas, la redecoración dorada del Despacho Oval y la construcción de un salón de baile al estilo de su mansión de Mar-a-Lago. Cada obra, según analistas, refuerza su intención de imprimir un legado visual y político en el corazón del poder estadounidense.
En paralelo, Trump ha ampliado su control sobre instituciones culturales y de seguridad: se autoproclamó director honorario del Centro Kennedy, ordenó revisar los contenidos del Instituto Smithsonian y desplegó a la Guardia Nacional en la capital, medidas que han despertado fuertes críticas de las autoridades locales y del sector artístico, que ven en estos gestos un intento por moldear la identidad simbólica de la nación a su imagen.