El Museo del Louvre amaneció cerrado este lunes tras un robo que sacudió al mundo del arte y la historia. Un comando de cuatro ladrones, usando motocicletas y un camión con montacargas, accedió por el flanco sur, cortó una ventana y se dirigió a la galería de Apolo, donde destruyeron vitrinas y se llevaron nueve joyas de la colección de la corona francesa, entre ellas la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo, que sufrió daños.
El incidente, que duró apenas siete minutos, dejó incompletos los planes del museo: algunos turistas ingresaron por la mañana, pero pronto se les informó que no podrían continuar con su recorrido. La ministra de Cultura, Rachida Dati, lamentó que la seguridad del patrimonio haya sido históricamente subestimada y recordó que una huelga del personal en junio había advertido sobre la reducción de guardias, que en cinco años se redujo de 200 a 200 personas.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, calificó el asalto como un “fallo” de seguridad sin precedentes, destacando la audacia de los ladrones al usar un montacargas en pleno París. Mientras las autoridades investigan, el cierre del Louvre deja al descubierto los desafíos que enfrentan los grandes museos para proteger su legado frente a crímenes cada vez más sofisticados.
El robo no solo afecta al Louvre, sino que también reaviva el debate sobre la protección de bienes culturales y la vulnerabilidad de los tesoros históricos en un mundo donde la seguridad patrimonial sigue siendo un desafío crítico.