Entre risas, música y el aroma de la barbacoa, doña Margarita Velázquez Guerrero celebró sus 103 años en el mismo patio donde levantó su hogar hace más de seis décadas, en el Fraccionamiento Rivera. Su historia, marcada por el trabajo en el campo y la dedicación a su familia, fue reconocida por el Ayuntamiento de Soledad de Graciano Sánchez, que le entregó un reconocimiento por ser un ejemplo de vida y de amor por su comunidad.
Nacida en 1922, en los años turbulentos de la reconstrucción posrevolucionaria, Margarita aprendió desde joven el valor del esfuerzo. Junto a su esposo formó una familia numerosa con ocho hijos, y tras enviudar, sacó adelante sola a cada uno de ellos sembrando duraznos, cortando nopales y ordeñando sus queridas vacas, las mismas que ella considera su tesoro más grande.
Hoy su legado se extiende a diez nietos, veinticinco bisnietos y cinco tataranietos, quienes la ven como el corazón que mantiene unida a toda la familia. Su vitalidad y serenidad han sido, según sus hijos, el secreto de su larga vida. A pesar de las adversidades, doña Margarita siempre respondió con una sonrisa y una frase que la define: “Contenta, muy contenta”.
El pasado 17 de octubre, su familia la celebró con mariachi, frijoles charros y abrazos interminables. Entre risas y bailes, la homenajeada lanzó una última enseñanza a las nuevas generaciones: “No dejen de bailar”. Un consejo sencillo, pero cargado de sabiduría de una mujer que ha vivido más de un siglo agradeciendo cada día con alegría.