El silencio volvió a romperse bajo la pirámide de cristal del Museo del Louvre. Desde temprano, cientos de visitantes hicieron fila para entrar al recinto parisino, que reanudó actividades tras el impactante robo que paralizó al mundo cultural el pasado domingo. El cintillo rojo que anunciaba su cierre ya no aparece en el sitio web, una señal de que el museo intenta recuperar la normalidad, aunque las heridas del golpe aún son visibles.
La reapertura no fue total. La emblemática Galería de Apolo, escenario del atraco, permanecerá cerrada “por un tiempo indefinido”, según comunicaron las autoridades del museo. Es en ese pasillo dorado, dedicado a la joyería real francesa, donde un comando de cuatro ladrones ejecutó una operación milimétrica, rompiendo el vidrio de acceso y fracturando vitrinas que resguardaban piezas de incalculable valor.
El robo ocurrió aprovechando los trabajos de renovación que se realizaban en esa zona del edificio. Con una camioneta de mudanzas robada y equipada con montacargas, los delincuentes lograron subir hasta un balcón lateral, abrir un boquete con una sierra radial y huir con el botín antes de que los sistemas de seguridad pudieran detenerlos.
Mientras el Louvre reabre sus puertas al público, la Policía francesa continúa la búsqueda del grupo que desafió al corazón cultural de Europa. Afuera, entre turistas y curiosos, la sensación es compartida: la belleza volvió a encender sus luces, pero el misterio —como en una pintura robada— aún cuelga en el aire.