El huracán Melissa cruzó el Caribe dejando tras de sí una estela de destrucción y dolor. Al menos 32 personas han perdido la vida, la mayoría en Haití, donde las lluvias torrenciales y el desbordamiento de ríos convirtieron pueblos enteros en zonas de desastre. Jamaica, Panamá, República Dominicana y Cuba también sufrieron los estragos del ciclón, que tocó tierra con categoría 5 antes de debilitarse en su avance hacia las Bahamas.
En Haití, la tragedia alcanzó niveles dramáticos: más de veinte personas murieron tras la crecida del río La Digue en Petit-Goâve, muchas de ellas niños. Las lluvias no han cesado y más de 13 mil personas fueron desplazadas por inundaciones que arrasaron viviendas, escuelas e iglesias. Las autoridades locales mantienen la búsqueda de desaparecidos mientras la población intenta sobrevivir entre lodo, escombros y ríos desbordados.
Cuba fue el último país en recibir el embate del fenómeno, que golpeó el oriente de la isla con categoría 3. Millones de personas quedaron sin electricidad, las comunicaciones colapsaron y varias comunidades permanecen aisladas. Aunque no se han reportado víctimas mortales, las lluvias intensas provocaron deslizamientos de tierra y el colapso de viviendas, además de pérdidas en los cultivos.
El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos advirtió que Melissa aún puede causar marejadas peligrosas y fuertes lluvias al pasar sobre las Bahamas y las Islas Turcas y Caicos. Mientras tanto, en el Caribe continental, la tormenta deja una lección amarga sobre la fragilidad de las islas ante el cambio climático y la urgencia de fortalecer sus sistemas de emergencia antes de la próxima temporada ciclónica.