El cáncer de pulmón se mantiene como la primera causa de muerte por enfermedades oncológicas a nivel mundial, con alrededor de 1.8 millones de defunciones cada año, de acuerdo con organismos internacionales de salud. Este tipo de cáncer representa uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios debido a su alta incidencia y a que la mayoría de los casos se detectan en etapas avanzadas.
Diversos estudios señalan que más del 80 por ciento de los diagnósticos están directamente vinculados al consumo de tabaco, aunque existen otros factores de riesgo que contribuyen a su desarrollo, como la exposición al humo de segunda mano, la contaminación atmosférica, los gases emitidos por motores diésel y el contacto prolongado con materiales industriales como el asbesto.
En México, cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan que durante 2023 se registraron más de seis mil muertes por esta causa, con una tasa de mortalidad de 4.86 por cada 100 mil habitantes mayores de 15 años. Los especialistas señalan que esta cifra podría aumentar en los próximos años si no se refuerzan las estrategias de prevención.
Uno de los principales retos es el diagnóstico tardío: cerca del 95% de los casos se detectan en fases avanzadas, cuando las posibilidades de éxito en el tratamiento son limitadas. En contraste, los pacientes diagnosticados a tiempo —en etapas iniciales— pueden alcanzar tasas de recuperación de hasta el 90 por ciento.
Autoridades médicas y de salud pública subrayan que la clave para reducir la mortalidad por cáncer de pulmón está en la prevención, la educación sobre los riesgos del tabaquismo y la promoción de revisiones médicas periódicas. También enfatizan la necesidad de fortalecer las campañas antitabaco y las políticas ambientales que reduzcan la exposición a contaminantes, a fin de proteger la salud de la población y disminuir la carga de esta enfermedad.