Por Redacción Contra Réplica

Tornado destruye el 90% de Río Bonito en Brasil y deja seis muertos

El fenómeno arrasó con viviendas y comercios en el sur de Brasil, donde más de 800 personas resultaron heridas y miles quedaron sin hogar mientras avanza la reconstrucción.

En menos de dos minutos, el viento convirtió a Río Bonito do Iguaçu en un paisaje de ruinas. La pequeña ciudad del estado de Paraná, en el sur de Brasil, quedó prácticamente destruida tras el paso de un tornado con ráfagas de hasta 250 kilómetros por hora, que dejó seis muertos, 835 heridos y más del 90 por ciento de sus construcciones colapsadas. “Está todo en el piso, pero ya pasamos por la parte difícil”, declaró el alcalde Sezar Augusto Bovino, intentando aferrarse a la esperanza entre los restos del desastre.

Las labores de rescate concluyeron y ahora las autoridades concentran sus esfuerzos en la reconstrucción. La Defensa Civil confirmó que cerca de 13 mil personas resultaron afectadas en catorce municipios de la región, mientras mil permanecen sin hogar en refugios temporales instalados en escuelas e iglesias. Ingenieros del gobierno federal y del estado de Paraná evalúan las estructuras que deberán demolerse por completo antes de levantar una nueva ciudad desde los cimientos.

El gobernador Ratinho Junior anunció un plan de ayuda directa: cada familia que perdió su vivienda recibirá hasta 50 mil reales (unos 173 mil pesos mexicanos) para reconstruirla. Además, se habilitarán alojamientos provisionales mientras avanzan las obras. “La prioridad es limpiar la ciudad, recoger los escombros y liberar el camino para que las familias puedan volver a empezar”, señaló el coordinador regional de Defensa Civil, coronel Fernando Schunig.

El tornado que devastó Río Bonito se formó como parte de un ciclón extratropical que afectó los estados del sur y sudeste de Brasil. Paradójicamente, el fenómeno ocurrió apenas dos días antes del inicio de la COP30 en Belém, una cumbre global sobre cambio climático que busca encontrar respuestas frente a los eventos extremos que, como este, recuerdan lo vulnerable que puede ser un país —y una comunidad— ante la furia impredecible del planeta.

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