El domingo por la noche, La Granja VIP sorprendió a su audiencia con una salida inesperada: Lola Cortés decidió abandonar voluntariamente la competencia. La actriz y cantante explicó que su decisión responde a un trastorno de ansiedad que le impedía continuar en el encierro, un gesto que, más allá del espectáculo, puso sobre la mesa la conversación sobre la salud emocional en la televisión mexicana.
Durante su despedida, Cortés expresó que necesitaba priorizar su bienestar antes que cualquier contrato o compromiso frente a las cámaras. Su salida, discreta y sin la ceremonia habitual de eliminación, fue confirmada por el conductor Adal Ramones, quien adelantó que la producción aplicará sanciones derivadas de su retiro anticipado.
Fuentes cercanas al programa revelaron que la multa podría ascender a 50 mil dólares —casi un millón de pesos—, como parte de las cláusulas establecidas en el contrato firmado por los participantes. Además, se especula que podrían añadirse otras medidas administrativas por incumplimiento de términos.
El reality, que en las últimas semanas ha sido tendencia por sus constantes enfrentamientos y tensiones internas, ahora enfrenta un giro inesperado. La salida de Lola no solo deja un vacío en la competencia, sino también una reflexión necesaria sobre los límites entre el entretenimiento y la salud mental en los formatos televisivos más demandantes.