Por Redacción Contra Réplica

Trump recibe al nuevo presidente de Siria y levanta sanciones tras años de guerra

Ahmed al Sharaa, exlíder rebelde que derrocó a Bashar al Asad, fue recibido en la Casa Blanca en una reunión histórica que marca el acercamiento de Estados Unidos con el nuevo gobierno sirio.

Nadie imaginó que el hombre que alguna vez encabezó la lista negra del FBI llegaría a cruzar el umbral de la Casa Blanca como jefe de Estado. Ahmed al Sharaa, exlíder rebelde y ahora presidente de Siria, fue recibido discretamente por Donald Trump, en una reunión que promete reconfigurar la geopolítica de Medio Oriente y abrir una nueva etapa en las relaciones entre Washington y Damasco.

La visita, mantenida lejos de las cámaras, simboliza el fin de una era de aislamiento para Siria. Trump —quien calificó a Al Sharaa como “un hombre capaz de lograr que su país sea exitoso”— anunció que Estados Unidos permitirá la reapertura de la embajada siria en Washington y una pausa en las sanciones impuestas bajo la ley César, mientras el Congreso evalúa su eliminación definitiva. Damasco, por su parte, se unirá a la coalición internacional contra el Estado Islámico, un gesto que busca legitimar al nuevo gobierno ante Occidente.

Aunque la reunión fue descrita como “cordial y estratégica”, el simbolismo pesa más que las declaraciones. Desde su llegada al poder tras derrocar a Bashar al Asad en diciembre pasado, Al Sharaa ha intentado romper con su pasado de combatiente islamista y acercarse a Occidente, incluso con Israel, aunque la disputa por los Altos del Golán sigue siendo un obstáculo para cualquier negociación de paz.

Con esta jugada, Trump busca dejar su huella en Medio Oriente: transformar a un exenemigo en un socio pragmático y, al mismo tiempo, reforzar la presencia estadounidense en la región. “Ya no es un terrorista, es un aliado útil”, explican analistas, mientras Washington evalúa instalar una base cerca de Damasco para coordinar ayuda humanitaria y mantener su influencia. En la diplomacia, los gestos pesan tanto como las armas, y esta visita, silenciosa pero cargada de simbolismo, podría ser el preludio de una nueva era para Siria.