Por Kenia Hernández

Exposición “Recuento” celebrará los 55 años del Museo Francisco Cossio en SLP

José Ángel Robles nos abduce a través de una travesía abstracta en un ensueño de tierras desérticas. Desde San Luis Potosí y hasta su travesía por Europa, la pintura y el grabado lo convirtieron de psicólogo a artista abstracto.

Más allá de los manchones, transparencias y borrones que dejan ver lo abstracto de sus pinturas, el artista potosino José Ángel Robles del Valle, nos abduce a través de sus lienzos en un ensueño majestuoso de tierras desérticas. Este próximo jueves 20 de noviembre, el Museo Francisco Cossio con motivo de su 55° aniversario, le abre sus puertas al maestro con su exposición de paisajes titulada "Recuento".

Navegando por los pasillos que componen la sala, una oleada de tonos rojizos, amarillos y naranjas reviven frente al espectador, cálidos atardeceres en plena sombra. Se trata del recuerdo vívido de cientos de tardes admirando el horizonte, extraídas desde la mente nostálgica de un artista trasnochado porque hay que decirlo, a José Ángel Robles se le oscurecen los cielos mientras está pintando y le gusta fluir.

"Tanto es el recuerdo de lo que oí, lo que sentí o lo que leí pero no estoy pensando mucho, no planeo, soy incapaz de planear, porque se endurece la obra. No es bello, no hay magia. Pinto sin saber qué voy a pintar, empiezo a manchar, empiezo a descubrir", en ese halo -dice- su arte se metaforiza en un sueño inmortal. 

No es de extrañarse entonces que sus pinturas se alejen de lo purista, aunque por azares del destino, su oficio actual se conectó -por destino o casualidad- con su pasado profesional, pues José Ángel se recibió en la primavera de su vida como un psicólogo colaborador en educación rural.

Y así, tal vez allá en el campo abierto de las comunidades en Toluca y Pátzcuaro, fue cautivado por esos cuadros realistas que más tarde él mismo reinterpretaría.

"Después me fui a la Ciudad de México y trabajé como psicólogo en una Escuela de Estudios Profesionales... Pero en las mañanas me iba a un café, ahí con ajedrecistas, escritores, poetas, diseñadores y pintores, descubrí que tenía mucha más afinidad con todos ellos que con los psicólogos", narró.

A propósito que, cuando era joven se le facilitaba el dibujar, el artista potosino decidió estudiar una especialidad para aprender a pintar en la Academia de San Carlos. Después -aunque el destino le suspendió las comodidades de un salario monótono-, José Ángel se lanzó a la aventura en los países Europeos donde, finalmente, la abstracción lo atrapó.

"Pintando, viviendo muy bien ahí. Sin lana también, hacia carpetas con un papel que yo hacía, lo pintaba, las vendía en la calle, hacía papalotes y los vendía. Lo que se me ocurriera. También trabajaba para un estudio de diseño de toallas de playa con motivos de mar, pero solo se podían utilizar con dos colores", agregó.

Hoy, después de tantas aventuras se nombró como un hombre pleno, a pesar de -y gracias a- las dificultades que muchos años después cimentaron lo que hoy se respira con solo mirar su arte. 

Para quien fue su director en otra época, el Museo Francisco Cossio que está de fiesta, le muestra su gratitud con la exposición al público que estará disponible a partir de este jueves, 20 de noviembre y hasta febrero del próximo 2026.