San Luis Potosí atraviesa una etapa en la que las políticas dirigidas a mujeres dejaron de ser complementos y se convirtieron en un eje central del gobierno estatal. Con la creación de la Secretaría de las Mujeres e Igualdad Sustantiva y el fortalecimiento del Centro de Justicia para las Mujeres, la administración de Ricardo Gallardo Cardona afirma haber colocado al estado en una ruta más sólida para atender problemáticas históricas, desde la violencia hasta la desigualdad económica.
El gobierno presume avances en materia de autonomía financiera, un terreno donde miles de potosinas suelen enfrentar sus principales barreras. De acuerdo con la administración estatal, más de 8 mil mujeres participaron en programas de capacitación, certificación, ferias de emprendimiento y reclutamiento laboral, mientras que el Sifide otorgó más de 887 millones de pesos en créditos para negocios liderados por mujeres. Estas acciones, según especialistas consultados, podrían marcar una diferencia si se traducen en permanencia, crecimiento económico y redes de apoyo duraderas.
En áreas como salud y participación social, las iniciativas se han diversificado: desde la entrega de más de 11 mil 700 kits de menstruación digna hasta la ampliación de las Clínicas Rosa, además de actividades deportivas, ferias económicas y reconocimientos que buscan dar visibilidad a mujeres destacadas. Aunque se trata de esfuerzos simbólicos y prácticos, activistas locales señalan que aún queda el reto de cerrar brechas profundas, especialmente en zonas rurales.
El terreno más complejo sigue siendo la seguridad y el acceso a la justicia. El gobierno estatal reporta la operación de 22 Centros “Libre”, que han atendido a más de 20 mil mujeres, así como el fortalecimiento del CJM, que registra casi 20 mil atenciones y más de 82 mil servicios en lo que va del periodo. A ello se suma la instalación de 500 “Puntos Código Rosa” en tiendas OXXO y la creación de nuevas redes de coordinación institucional. Para muchas mujeres, estos mecanismos representan un respiro, pero también un recordatorio de la magnitud del desafío: garantizar una vida libre de violencia que no dependa solo de anuncios, sino de resultados sostenidos.