Las lluvias que no han dado tregua durante semanas transformaron amplias zonas de Vietnam en un laberinto de agua y lodo, donde al menos 41 personas han perdido la vida y cientos más esperan ayuda desde los techos de sus casas. Las autoridades reconocen que la magnitud del desastre supera lo habitual: comunidades enteras quedaron aisladas y los equipos de emergencia avanzan con dificultad entre corrientes impredecibles.
El golpe no es menor. Más de 52 mil viviendas quedaron bajo el agua y cerca de 62 mil habitantes tuvieron que abandonar sus hogares desde el domingo, en un éxodo repentino que ha puesto a prueba la respuesta humanitaria del país. En destinos turísticos como Nha Trang, las playas quedaron irreconocibles: vehículos hundidos, calles convertidas en canales y barrios enteros sumergidos en un silencio forzado por la tormenta.
En las provincias de Gia Lai y Dak Lak, los botes de rescate se convirtieron en el único transporte disponible para evacuar a familias atrapadas. Los deslizamientos también se hicieron presentes en los pasos montañosos cercanos a Da Lat, donde algunos puntos registraron hasta 600 milímetros de lluvia en apenas unos días, dejando un paisaje quebrado y rutas bloqueadas.
Este episodio extremo llega tras un año ya marcado por el desgaste climático. Entre enero y octubre, Vietnam acumuló 279 víctimas entre muertos y desaparecidos por desastres naturales, además de pérdidas económicas superiores a los 2 mil millones de dólares. Hoy, mientras continúan los rescates, el país vuelve a enfrentar el recordatorio más duro de su vulnerabilidad: cuando la lluvia decide no detenerse, el costo humano siempre es el primero en aparecer.