A dos años de haber cerrado sus puertas, el histórico Estadio Azteca (rebautizado como Estadio Banorte) se alista para renacer con un perfil más tecnológico, más cómodo y más ambicioso. Las obras, que concluirán el 28 de febrero de 2026, apuntan a convertirlo nuevamente en uno de los recintos más avanzados de América Latina, justo a tiempo para inaugurar, por tercera ocasión, una Copa del Mundo.
La transformación abarca prácticamente cada rincón: desde butacas nuevas y pantallas gigantes hasta un sistema de sonido con más de 340 bocinas que promete envolver a la afición. El césped híbrido, preparado para resistir tormentas, y el Wi-Fi de alta capacidad, que permitirá pedir comida y acceder a servicios desde el asiento, revelan el giro hacia un estadio pensado para la experiencia total del espectador.
Uno de los cambios más significativos ocurrió bajo el nivel de la cancha: los vestuarios fueron reubicados al centro del inmueble, debajo de una renovada zona de palcos y áreas de prensa. Se mantuvieron, además, dos vestidores externos para los equipos de la NFL, ante la expectativa de que la liga regrese a la Ciudad de México tras su ausencia desde 2022.
Félix Aguirre, director del inmueble, resume el espíritu del proyecto en una idea: modernizar sin borrar la memoria. El Azteca fue casa de las gestas de Pelé en 1970 y Maradona en 1986, y esa mística busca preservarse incluso con una capacidad que podría aumentar de 83 mil a 87 mil aficionados. Su reapertura está programada para finales de marzo de 2026, con un partido entre México y Portugal que marcará el inicio de una nueva era para el coloso de Santa Úrsula.