El avance del sarampión vuelve a encender alarmas en todo el país. Si bien el brote que estalló en Chihuahua —donde se concentran más de 4,400 de los 5,020 casos nacionales— muestra señales de control, nuevos focos surgen en estados turísticos como Jalisco, Guerrero, Sonora y Michoacán. Para el investigador Andreu Comas García, de la Facultad de Medicina de la UASLP, el movimiento de visitantes durante las vacaciones podría convertirse en el acelerador que falta para que los contagios vuelvan a dispararse, especialmente al regreso a clases.
Los especialistas coinciden en que la población infantil sigue siendo la más expuesta. Niñas y niños menores de cinco años representan el grupo con mayor vulnerabilidad ante el virus, un escenario que se agrava por esquemas incompletos de vacunación. También se encuentran en riesgo adolescentes y adultos jóvenes de 15 a 39 años, particularmente quienes trabajan en salud, turismo o educación, sectores donde la movilidad es constante.
El repunte no llega por sorpresa: desde hace años el continente perdió su estatus de región libre de sarampión. Mientras Estados Unidos y Canadá enfrentan el impacto del movimiento antivacunas, en México la causa principal ha sido la caída sostenida en la cobertura de inmunización desde 2016. El panorama se complicó con desabasto de biológicos, fallas en las compras consolidadas, la eliminación del refuerzo para adolescentes y, más tarde, la pandemia que dificultó el acceso a campañas itinerantes.
Aunque el país ha aplicado más de seis millones de dosis durante este brote, el reto sigue lejos de resolverse. El doctor Comas señala que solo un sistema capaz de volver a las escuelas y acercar la vacunación a cada comunidad permitirá recuperar la cobertura superior al 95 por ciento necesaria para frenar definitivamente al virus. El caso de la tosferina confirma que el retroceso no solo se refleja en el sarampión: muestra un sistema que todavía trabaja para reconstruirse.