Con el conteo electoral aún sin cerrarse y el ambiente político al borde de la crispación, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, rompió el silencio para cuestionar la legitimidad de los comicios presidenciales celebrados en el país. Desde Catacamas, la mandataria advirtió que los resultados preliminares reflejan una “alteración de la voluntad popular” y aseguró que el proceso estuvo marcado por prácticas que vulneran la confianza ciudadana.
Castro señaló que la jornada no sólo se vio afectada por fallas técnicas en el sistema de transmisión de resultados preliminares, sino también por presiones, amenazas y coacciones que, afirmó, incidieron directamente en el curso del escrutinio. A su juicio, lo ocurrido constituye un “golpe electoral en desarrollo” que será denunciado ante organismos internacionales, al considerar que la legalidad del proceso quedó comprometida desde la propia campaña.
El señalamiento se produce mientras el conteo mantiene al conservador Nasry Asfura con una ventaja mínima, seguido de cerca por Salvador Nasralla, quien también ha rechazado los resultados y habla de fraude. En este escenario, la candidata oficialista de izquierda, Rixi Moncada, aparece relegada a un tercer sitio, aunque su equipo sostiene que la competencia estuvo distorsionada desde el inicio.
La presidenta hondureña también apuntó directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien acusó de intervenir políticamente al respaldar a un candidato de derecha y advertir sobre consecuencias si el electorado apoyaba al partido gobernante. Para Castro, esa presión externa profundizó un proceso que, dijo, “nació viciado” y hoy mantiene a Honduras en una de las coyunturas democráticas más tensas de los últimos años.