La selva amazónica, uno de los pulmones ambientales más importantes del planeta, está entrando en una fase climática que los especialistas describen como hipertropical. Se trata de un patrón extremo donde la combinación de altas temperaturas y sequías prolongadas supera los rangos tradicionales de los bosques húmedos, lo que incrementa el estrés en los árboles y amenaza la estabilidad del ecosistema.
Investigadores de universidades internacionales señalan que esta transformación no es un fenómeno aislado, sino una tendencia acelerada por el calentamiento global. Si las emisiones continúan al ritmo actual, hacia finales de siglo la cuenca amazónica podría registrar más de un centenar de días al año dominados por calor y sequía intensa, incluso en épocas que históricamente eran húmedas.
Las implicaciones ecológicas son profundas. Cuando el suelo pierde humedad por debajo de ciertos niveles, los árboles dejan de capturar carbono, se debilitan y, en casos críticos, mueren por procesos fisiológicos comparables a embolias en su sistema de savia. La reducción masiva de árboles no solo altera el paisaje forestal, sino que reduce la capacidad de la Amazonía para funcionar como sumidero de carbono.
Los científicos advierten que el surgimiento de este clima hipertropical podría desencadenar efectos globales. La pérdida de resiliencia en el bosque amazónico aceleraría el calentamiento del planeta y modificaría patrones climáticos en diversas regiones. Ante este escenario, recalcan que disminuir las emisiones es indispensable para frenar una transformación que ya empezó a hacerse visible en el corazón de Sudamérica.