La devoción mueve multitudes cada diciembre, pero también revela sus sombras. En las inmediaciones de la Basílica de Guadalupe, donde la fe se convierte en camino y promesa, los rescatistas han aprendido a mirar hacia abajo, hacia esas pequeñas vidas que avanzan entre pasos humanos sin comprender del todo a dónde van. Son los perritos peregrinos, animales que caminaron kilómetros bajo el sol acompañando a familias que, al regresar en autobús, los dejan atrás como si la fe pudiera justificar el abandono.
Para enfrentar esta realidad que se repite año tras año, el Gobierno de la Ciudad de México puso en marcha el Operativo Perregrino 2025, un programa que intenta romper el ciclo de desamparo. Desde los primeros días, la Agencia de Atención Animal (AGATAN) ha atendido y resguardado a 50 perros, aunque se espera que la cifra final supere los 200 o 300 tras las festividades del 12 de diciembre. La alcaldía Gustavo A. Madero ha logrado rescatar decenas de lomitos en la zona de la Basílica, muchos de ellos exhaustos, heridos o desorientados.
El proceso inicia con lo esencial: identificarlos, darles comida y agua, alejarlos del ruido que los confunde. Después son trasladados a unidades móviles con quirófano veterinario y, si es necesario, al Hospital Veterinario de Iztapalapa, al de la Ciudad de México o a la Clínica Veterinaria de Gustavo A. Madero para cirugías, curaciones y rehabilitación. Una vez estabilizados, AGATAN y organizaciones civiles los resguardan y promueven su adopción. En caso de extravío, las familias pueden comunicarse con AGATAN o llamar al 911.
Este esfuerzo depende también de los voluntarios que recorren la zona para levantar a los animales antes de que la multitud los borre. Ellos, junto con AGATAN y PAOT, han salvado a decenas de perros en los últimos días. Un voluntario relata que su grupo rescató 12 ejemplares, sumándose a otros 18 atendidos por brigadas de vigilancia. Las cifras hablan por sí solas: cada 12 de diciembre se estima que entre 80 y 150 perros son abandonados alrededor del recinto. Caminan durante horas con sus familias, pero llegan a un destino que nunca eligieron. Entre basura, ruido y confusión, esperan a quienes prometieron cuidarlos.
En un espacio que debería ser símbolo de esperanza, la explanada deja rastros más profundos que los pasos de los peregrinos. Entre desperdicios y miradas perdidas, se repite una lección sencilla que ninguna peregrinación debería olvidar. La fe, cuando es verdadera, no abandona. Mucho menos a quienes solo saben acompañar.
AGATAN mantiene abierta la línea 5573261482 para donaciones o adopciones responsables. Y en cada llamado se reafirma lo que debería ser obvio: la fe inspira amor, no abandono.