Falta tan solo una semana para el 25 de diciembre, día que marca la celebración cristiana de la Navidad. Y en el portal de muchos hogares católicos nos da la bienvenida un altar que evoca la ternura de la devoción: el Nacimiento del niño Jesús en Belén, una tradición que ha pasado por generaciones pero que hoy se ve amenazada por el desapego y los hábitos de desecho. Quienes se dedican a la reparación de figuras sacras temen que los más jóvenes comiencen a olvidar el verdadero significado de una imagen religiosa.
A pesar de ser una temporada históricamente popular para el negocio de los ropones y otros complementos de las posadas navideñas, en Novedades Juani -donde Juana del Carmen Rodríguez Cervantes atiende-, este mes no se vieron reflejadas las costumbres religiosas en las ventas. De hecho, apreció que en el último mes la afluencia en el Mercado Hidalgo del Centro Histórico bajó un 50 por ciento.
Gracias a su trato diario con la clientela -en su mayoría originaria de comunidades o incluso migrantes que vienen de visita desde Estados Unidos- Juana intuyó que si bien, las "acostadas del Niño Jesús" siguen siendo una fiesta central durante estas fechas, estimó que de 100 familias solo 10 son jóvenes que comprenden el ciclo que conmemora la vida del Hijo de Dios.
"Ahorita las familias jóvenes son pocos los que siguen la tradición de abuelos y bisabuelos (refiriéndose a la colocación de un nacimiento)", lamentó. Lo que también repercutió en su negocio y el de su esposo, quién se dedicaba a la reparación artesanal de Niños Dios.
"Cuando vas a empezar tu matrimonio normalmente les regalan un niño Dios para que sea la bendición de su hogar. Sí te puedo decir que sale más barato comprar uno nuevo que repararlo, se reparan porque son regalos muy especiales". A lo largo sus años como locatarios, su esposo -dijo- se dedicó al arte de reconstruir piezas con hasta un siglo de antigüedad, lo que no solo aumentan el costo por los materiales sino el nivel de dificultad.
Para los católicos, las imágenes religiosas que acompañan un hogar no son simplemente adornos, sino un recordatorio de fe. Por eso, aunque la reparación artesanal podría considerarse costosa si se compara con el precio de una figura nueva; la realidad es que existe un valor sagrado y además de identidad familiar detrás de cada una de ellas.
Esto, lo sabe Rocío Almaraz, "La China" quién con su familia, integran la tercera generación del mercado municipal desde hace 80 años y se dedican también, a esta labor.
"No es el niño, sino el valor sentimental que tiene la figura, yo les he dicho que cuando lo reparan tienen que volverlo a bendecir porque es como si fuera nuevo... A veces no les cobramos mucho, nosotros les cobramos de 300 a 350 (pesos)", dijo.
La reparación de Niños Dios es un proceso artesanal que lleva tiempo, además de experiencia para conocer los materiales que van desde la resina hasta el yeso, para finalmente poder moldearlos y dotarlos de una vida nueva.
Aunque como comerciantes su trabajo les sigue rindiendo frutos con la satisfacción de sus clientes, Rocío lamenta que cada vez, es menor la participación de personas jóvenes en la navidad como fiesta religiosa y por el contrario, ignoran el verdadero significado de esta.
"Se ha perdido el respeto, la tradición nos toca a uno como padres, inculcarselo a los hijos, ahí se va perdiendo el hilo. Una cosa es decir voy a una levantada, pero no es eso, no es posada, es baile o borrachera. Lo más básico es el rosario, la letanía para el niño Dios, uno va a la comedera pero no les enseñamos a nuestros hijos lo que significa el nacimiento ni la navidad", dijo.
Mientras tanto, en la víspera cercana de una noche dotada de magia y belleza, el desafío de la renovación espiritual es no diluirse en superficialidades. Debajo de las cortinas que guardan sus talleres, las manos expertas restauran con paciencia lo sagrado, solo para llevar un pan a la mesa y un único deseo: que esta navidad el nacimiento sea más que una figura y la posada más que una fiesta.