La temporada navideña se convierte en un salvavidas económico para miles de comerciantes informales en México, donde el 55.4 % de la población ocupada trabaja fuera del sector formal. Entre calles y pasillos de mercados y tianguis de la Ciudad de México, el ritmo de ventas aumenta mientras los consumidores buscan precios más bajos frente al repunte inflacionario.
Sarahí Hernández, vendedora de calcetas térmicas y artículos de temporada, asegura que diciembre concentra sus mejores ingresos: “Vienen por docenas o más piezas”, comenta mientras atiende a decenas de compradores en el Mercado de Sonora. Clientes como Wendy Cecilia Cuevas destacan la conveniencia de adquirir productos más baratos y apoyar a quienes generan empleo en la economía local.
El fenómeno refleja un panorama económico estructural. Según el Inegi, en 2024 la economía informal contribuyó con 25.4 % del PIB nacional, y en octubre de 2025 la población ocupada en la informalidad alcanzó 33.9 millones de personas. En este contexto, el presidente de Concanaco Servytur, Octavio de la Torre, advierte que la informalidad no debe estigmatizarse, pues responde a costos de formalización elevados y barreras administrativas que dificultan el acceso al sector formal.
Sin embargo, el sector informal conlleva riesgos para los consumidores: productos pirata, mercancía de procedencia dudosa y faltas en normas de seguridad. Aun así, comerciantes como Antonio, vendedor de accesorios para autos, y Ana, dedicada a trajes y disfraces, confirman que diciembre representa su mayor derrama del año, mientras que Concanaco estima que la economía formal recibirá 608 mil millones de pesos entre el 16 de diciembre y el 1 de enero gracias al turismo, hotelería y gasto en celebraciones.
El cierre de año muestra la doble cara de la economía mexicana: por un lado, oportunidades para ingresos extraordinarios; por el otro, desafíos estructurales que mantienen a millones en la informalidad mientras los consumidores equilibran precios y calidad en sus compras navideñas.