Más allá de la manufactura y el intercambio industrial, el T-MEC comienza a reconfigurar el papel de México en el mapa energético global. Especialistas en comercio y energía coinciden en que el tratado crea condiciones favorables para que el gas natural mexicano encuentre salida hacia Asia, una región con alta demanda y creciente consumo energético.
El marco del acuerdo fortalece la integración regional con Estados Unidos y Canadá, lo que permite aprovechar infraestructura ya instalada y rutas logísticas consolidadas. Bajo este esquema, México podría posicionarse como un eslabón estratégico para el transporte y exportación de gas licuado hacia puertos con acceso al Pacífico, reduciendo tiempos y costos de envío.
Este giro responde también a una necesidad económica: diversificar destinos y disminuir la dependencia de mercados tradicionales. Analistas subrayan que la apertura hacia Asia no solo amplía las opciones comerciales, sino que eleva la competitividad del país y genera incentivos para nuevas inversiones en ductos, plantas de licuefacción y terminales portuarias.
En un contexto donde países como Japón, Corea del Sur y China buscan asegurar el suministro energético para sostener su crecimiento industrial, México aparece como un actor con ventajas geográficas y productivas. La ruta del gas hacia Asia, impulsada por el T-MEC, no solo plantea una oportunidad comercial, sino un cambio de escala en la proyección internacional del sector energético mexicano.