Eva Schloss, una de las sobrevivientes más reconocidas del campo de exterminio de Auschwitz y figura clave en la preservación de la memoria del Holocausto, murió a los 96 años en Londres. Su fallecimiento marca el adiós de una voz que transformó el dolor en testimonio y la tragedia en una advertencia permanente contra el odio.
Nacida en Viena en 1929, Eva vivió la persecución nazi desde la infancia. Tras huir con su familia a Países Bajos, fue detenida por los nazis en 1944 y deportada a Auschwitz Birkenau el día de su cumpleaños número 15. Solo ella y su madre lograron sobrevivir; su padre y su hermano murieron durante la guerra, una herida que la acompañó toda la vida.
Después del conflicto, Eva reconstruyó su vida en Reino Unido, pero su historia tomó dimensión pública cuando su madre se casó con Otto Frank, padre de Ana Frank. Lejos de permanecer en silencio, Eva asumió el compromiso de hablar por quienes ya no podían hacerlo y se convirtió en una incansable divulgadora de la memoria histórica.
Durante décadas visitó escuelas, escribió libros y participó en proyectos educativos para alertar sobre los riesgos del antisemitismo, la discriminación y la intolerancia. Su muerte no solo cierra un capítulo del siglo XX, también deja un llamado urgente al presente: recordar sigue siendo una forma de resistencia.