Desde hace cien años, el reloj del Edificio Central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí no solo marca horas: acompaña rutinas, encuentros y memorias colectivas. Instalado en enero de 1926, este mecanismo se convirtió en un referente cotidiano para generaciones de estudiantes y para la vida pública de la ciudad, al marcar el ritmo de la Plaza de los Fundadores.
El centenario se conmemora en un contexto que mira tanto al pasado como al presente. A través de una exposición temporal en el Museo de Sitio, la universidad propone un recorrido histórico que enlaza la llegada del reloj con los festejos pospuestos del Centenario de la Independencia y con el impulso educativo de una institución que entonces apenas tomaba forma.
La pieza, importada de Suiza y trasladada a San Luis Potosí por una comisión estudiantil a finales de 1925, fue un obsequio presidencial a la comunidad universitaria de la época. Su primer anuncio sonoro se escuchó la noche del 9 de enero de 1926, sellando un momento que integró a la universidad al paisaje urbano y simbólico de la capital potosina.
A un siglo de distancia, el reloj sigue funcionando gracias a labores de conservación que buscan prolongar su vida útil. Más allá de su mecanismo, permanece como testigo silencioso de transformaciones sociales, políticas y académicas, recordando que el tiempo universitario no solo se mide en horas, sino en historias compartidas que siguen acumulándose bajo su mirada constante.