El regreso a clases en San Luis Potosí no solo implicó la reapertura de aulas, sino también el despliegue de una estrategia preventiva que busca incidir directamente en la vida escolar. A través de un trabajo coordinado entre la Guardia Civil Estatal y el sector educativo, se activaron acciones de proximidad social que colocan a la seguridad como un componente cotidiano dentro de los planteles, con énfasis en la prevención y la concientización.
Lejos de limitarse a rondines policiales, el operativo se construyó desde una lógica comunitaria. Desde los primeros días del ciclo, personal especializado comenzó a interactuar con estudiantes, docentes y familias, con el objetivo de generar confianza y atender riesgos antes de que se conviertan en problemas. El arranque del llamado Operativo Juventud permitió un inicio de clases sin incidentes, reflejando una estrategia que prioriza la anticipación.
Las actividades incluyen charlas sobre autocuidado, prevención de la violencia y uso responsable de redes sociales, así como talleres dirigidos a madres y padres de familia para identificar señales de alerta en niñas, niños y adolescentes. Además, el personal educativo recibe capacitación en protocolos de actuación ante emergencias, lo que refuerza la capacidad de respuesta dentro de las escuelas.
A la par, se han instalado ferias de seguridad y servicios que promueven la denuncia, la igualdad y la resolución pacífica de conflictos. Este modelo de intervención busca consolidar una relación más cercana entre autoridades y comunidad escolar, entendiendo que la seguridad también se construye desde el diálogo, la información y la corresponsabilidad social.