El ciclón mediterráneo conocido como Harry azotó con fuerza el sur de Italia, donde olas de hasta diez metros irrumpieron en zonas costeras y provocaron inundaciones en diversas localidades. Sicilia, Calabria y Cerdeña se ubicaron entre las regiones más afectadas por el temporal, que llegó acompañado de vientos intensos y lluvias persistentes.
El fenómeno causó daños visibles en la infraestructura frente al mar, con paseos marítimos destruidos, muros derribados y establecimientos turísticos seriamente afectados. Ante el riesgo extremo de marejadas y precipitaciones, las autoridades italianas activaron alertas rojas y pusieron en marcha medidas de emergencia para reducir los riesgos a la población.
Protección Civil, cuerpos de bomberos y voluntarios atendieron miles de reportes, principalmente relacionados con evacuaciones preventivas en zonas vulnerables al oleaje y al aumento del nivel del mar. En varias localidades se suspendieron clases y se interrumpieron servicios de transporte como medida de precaución.
El impacto económico del ciclón comienza a dimensionarse en cientos de millones de euros, especialmente en Sicilia, donde viviendas y propiedades resultaron dañadas por la fuerza del mar. Especialistas advierten que este tipo de eventos extremos podrían volverse más frecuentes e intensos en el Mediterráneo como consecuencia del cambio climático.